jueves, 6 de octubre de 2022

LA DOBLE MUERTE

 

ENTRE COLUMNAS

LA DOBLE MUERTE

 

Dedicado a los nietos que algún día tendré.

Nunca olviden sus raíces.


La muerte es un fenómeno natural que comienza a perseguirnos desde el mismo momento en que nacemos; basta con que él bebe recién nacido abra los ojos para que comience esa cuenta regresiva que para muchos es larga, pero para otros resulta demasiado corta. Como situación inherente a la vida misma, la muerte es el destino inexorable al que todos, en algún momento, arribaremos.

Pero más allá de la muerte física, hay otro tipo de muerte, al que algunas personas temen más que ese ineludible latido final, y es el olvido. De nada sirve lo que hagamos en nuestro trasegar por este valle de lágrimas, si después de nuestra partida, nadie, al cabo de algún tiempo, recuerda nuestro paso por el mundo de los vivos.

Tal vez por eso todas las sociedades se esmeran por erigir estatuas y mausoleos a aquellos personajes que esa misma sociedad considera que deben ser recordados.

Pero descendiendo a ese microcosmos que llamamos familia, encontramos que en gran medida, nuestros recuerdos familiares no alcanzan a superar dos generaciones, y cuando los miembros mayores de una familia van tomando el camino hacia lo desconocido, llevan en su equipaje la mayor parte de aquellos recuerdos que explicarían el origen y situaciones de una familia, o la historia de aquel consanguíneo fallecido a temprana edad que nunca conocimos y del cual solo tuvimos noticia en alguna tertulia familiar.

Hagamos un pequeño ejercicio: lo más probable es que todos hayamos conocido a alguno de nuestros abuelos, o a todos, pero muy probablemente la gran mayoría no recuerda a alguno de sus bisabuelos, o a ninguno.

Es esa muerte, esa segunda muerte, la que realmente acaba con las personas, porque cuando no sabemos nada de aquel allegado que no alcanzamos realmente a conocer, es el momento en que realmente muere una persona.

Ese pensamiento me asalto el día que falleció el reconocido periodista deportivo, Chelo De Castro[1], ya que con él también se fue gran parte de la historia deportiva de Barranquilla, historia que, lamentablemente, nunca ha sido totalmente escrita, de la cual no existen mayores archivos y que, con el paso de los años, desaparece del conocimiento general, pues quienes la vivieron o fueron testigos de ella, ya no están para contarla y trasmitirla a las nuevas generaciones.

Volviendo a lo familiar, y uniendo lo hasta aquí dicho, tal vez fuera Don Chelo, el ultimo cronista deportivo que fue testigo directo del paso de mi abuelo por los diamantes de beisbol de esta ciudad.

No, no voy a hacer un recuento de los logros y fracasos del padre de mi madre; no es el sentido de este escrito. Pero si busco, en beneficio de él y de muchos otros, el sembrar la semilla de un árbol cuyo fruto sea el recuerdo perenne de las glorias deportivas de nuestra región. Baste con decir, que para muchos viejos fanáticos beisboleros, el nombre del Zurdo Pérez, y toda la generación que le acompañó, aun genera una ceja levantada, o una sonrisa, o un asentimiento tácito de la presencia de unas figuras que no tuvieron la suerte de contar con registro gráfico, grabaciones radiales o videos, que nos recuerden sus gestas.

Por ahora, digamos, que parte de ese olvido comienza con el Estadio Municipal. Y ya veo la cara de algunos preguntando ¿cuál Estadio Municipal? Pues el mismo que hoy lleva el nombre de Romelio Martínez[2]. Por si no lo sabían, ese estadio nació como campo de beisbol, y de allí la curiosa forma de su antigua tribuna, la cual fue diseñada para un público diferente al del futbol.

En que en ese entonces, el futbol en barranquilla prácticamente no existía, pues esta ciudad era parte integral del Caribe, región beisbolera por excelencia, y no una periferia andina, en lo que nos convertimos. Era la pelota caliente, el deporte de masas de toda esta región.

Ya para esa época, había fallecido el gran Tomas Arrieta[3], único pelotero que jugaba todas las posiciones del Beisbol y que muy seguramente, de no haber fallecido a temprana edad, hubiera tenido destino final en el beisbol caribeño y tal vez algo más. Hoy, opacado en la memoria colectiva por otro gran pelotero, Edgar Rentería[4].

Y antes del hoy estadio de futbol de la calle 72, en ese mismo lugar existió otro, de propiedad privada, llamado Juana De Arco[5], construido a instancias del Hermano Pedro, ilustre religioso del Colegio Biffi-La Salle, claustro de cuyas aulas salieron, bajo la tutela del mencionado eclesiástico, la gran mayoría de beisbolistas de esa generación, perdida en las brumas del tiempo.

Pero volviendo con mi abuelo, les diré que el beisbol no le dejó dinero, aunque si le facilito la vida en algún sentido, pues habiendo pasado por los salones del mencionado colegio Biffi, aprendió el inglés, que perfeccionó trabajando en la SCADTA (Hoy Avianca); por hablar inglés y jugar beisbol, fue tenido en cuenta por quienes, en aquel entonces, administraban las Empresas Publicas Municipales, un grupo de gringos enviados por los banqueros de Chicago (Central Trust Company de Illinois), quienes pusieron al frente de esa entidad, como garantía del préstamo dado a la ciudad, a un personaje que muchos ya no recuerdan, pero que tuvo la visión de una Barranquilla grande, Samuel Hollopeter[6].

Estaba en esas fenecidas empresas públicas el viejo zurdo, cuando fue llamado de emergencia para representar al Atlántico en un torneo de Beisbol, y ya retirado, tomo de nuevo la manilla para darle un concierto de serpentinas a la delegación Bolivarense, que tuvo que tomar vía por la Carretera de la Cordialidad, cargando su estrella del momento, el gran Pedro “Chita” Miranda[7], con el estribillo que lo persiguió hasta el día de su muerte: “Chita, te coge el zurdo Pérez”.

Ya no me extiendo más para no aburrirlos, pero con la esperanza que hablándoles de mi abuelo, simultáneamente les regalo un poquito de historia de nuestra ciudad, aunque sea de manera anecdótica, pero con la firme convicción de que con estas líneas, contribuyo a no permitir una segunda muerte de mi ascendiente y de aquellos que con él, hicieron vivir grandes alegrías a una ciudad, que poco a poco ha ido perdiendo su memoria.

Y recuerden, la muerte no siempre significa el olvido, pero el olvido siempre es una forma de morir.

FABIAN VELEZ PEREZ



[1] José Víctor de Castro Carroll, más conocido como Chelo de Castro (Barranquilla; 19 de marzo de 1920-ibídem; 20 de junio de 2022), fue un periodista deportivo colombiano.

[2] Romelio Martínez Vergara (Barranquilla - Cerro El Tablazo, 15 de febrero de 1947). Futbolista y deportista colombiano de las décadas de 1930 y 1940. Romelio Martínez hizo parte de la selección Atlántico que participó en los juegos nacionales de 1932 y 1935, del equipo Sporting de Barranquilla, Juventud Junior y de la Selección Colombia de 1938. El estadio Municipal recibió el nombre de Romelio Martínez gracias a la iniciativa del periodista Chelo de Castro.

[3] El gran crítico y comentarista, el maestro Chelo de Castro, bautizó al gran Tomás Arrieta como “El hombre Team del Béisbol” porque jugaba y lo hacía muy bien, en las nueve posiciones, como cátcher vislumbró, en la primera y segunda base sobresalió, en el short stop y en el outfielder era insuperable, como pitcher lo hizo muy bien en la selección Colombia. Fue el primer colombiano en jugar en una liga extranjera, en el América de San Cristóbal, Táchira, Venezuela. Murió en 1944 a causa de una neumonía fulminante.

[4] Édgar Enrique Rentería Erazo (Barranquilla, 7 de agosto de 1975) es un beisbolista colombiano de Grandes Ligas que se desempeñó como shortstop.. Resultó campeón de las series mundiales de 1997 con los Marlins y de 2010 con los Gigantes de San Francisco, en ambas ocasiones anotando el hit que dio el campeonato a su equipo.

[5] El estadio Juana de Arco fue un estadio de béisbol de Barranquilla, Colombia, que funcionó entre 1928 y 1935, cuando fue demolido para construirse en su sitio el estadio Romelio Martínez. El Juana de Arco era propiedad del colegio lasallista Biffi-LaSalle, fue construido bajo la dirección del hermano Pedro y se adecuaba también para la práctica del fútbol.

[6] Samuel Hollopeter (Indiana, 24 de abril de 1886 - Fort Lauderdale, Florida, 1.° de febrero de 1980). Gerente de las empresas públicas municipales desde 1928 hasta 1960, época considerada de desarrollo urbano para Barranquilla.

[7] Se hizo célebre tras contribuir con sus batazos a los triunfos de la selección de Colombia en las series mundiales de béisbol aficionado de 1946 y 1947. También se destacó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1946 celebrados en Barranquilla. Miranda jugo con los equipos Getsemaní e Indios de Cartagena y Filtta de Barranquilla y luego en novenas profesionales de Venezuela y Nicaragua.

jueves, 26 de noviembre de 2020

REGALO GRIEGO

 ENTRE COLUMNAS

REGALO GRIEGO

 

«Temed a los griegos y a los regalos que traen»

VIRGILIO[1] en la ENEIDA

Cuando se revisa la mitología grecorromana, encontramos que en ella existían dioses casi para todo; había para cada profesión, para cada situación, para la guerra, para las artes o para el amor. La lista es larga. 

Estos dioses estaban dotados de muchas, muchísimas cualidades, pero también de innumerables defectos; eran celosos, iracundos y ambiciosos, desobedecían las órdenes de sus superiores, eran infieles y, sobre todo, eran muy caprichosos y vengativos. 

Utilizaban a los seres humanos para satisfacer esas bajas pasiones, ridiculizándose los unos de los otros, pero también para burlarse de aquellos que los idolatraban. 

Para esto último, en ocasiones concedían privilegios a ciertos humanos, les otorgaban dones o los colocaban en situaciones aparentemente ventajosas, pero, tal como dice la tradición, hay que tener cuidado con los regalos de los griegos. 

La mitología nos llena de ejemplos; los dioses dieron a Midas el don de convertir en oro todo lo que tocara, pero murió de hambre porque hasta la comida se volvía metal precioso a su contacto. 

Hoy, con motivo del fallecimiento Diego Armando Maradona, con sorpresa encontramos que se le ha elevado a cimas insospechadas, pese a todos los defectos que arrastraba. 

Si, la figura de Diego Maradona como futbolista, fue un regalo de los dioses. Fue el mejor, el más inteligente, el más rápido, el más hábil, el más carismático, el más comprometido, el más valiente. Ante él, las figuras de hoy palidecen, languidecen, se ven tan pequeñas, que rozan lo insignificante. 

Y no solo eso; le devolvió el orgullo a un país, Argentina, la dignidad a una ciudad, Nápoles, donde hizo grande a un equipo chico y aglutino a toda una región, Latinoamérica, a su alrededor. La prensa se rendía y se rinde, aun después de fallecido, a sus pies, cual Cid Campeador que ganaba batallas después de muerto. 

Pero como todo regalo de los dioses, regalo griego, tenía su lado oscuro. Fuera de la cancha era un ser despreciable, cargado de vicios y defectos, deslenguado y grosero, triste muestra de todas las debilidades humanas. Pésimo ejemplo para cualquier sociedad. 

Pese a ello, hoy una nación entera lo llora, del otro lado del océano una ciudad promete no olvidarlo y su imagen es más reconocida que la de la mayoría de líderes mundiales. Todos lo alaban y parece ser de pésimo gusto recordar sus defectos. 

El sentimiento que despierta su fallecimiento, eclipsa cualquier cuestionamiento a su persona, sus cualidades como futbolista rebasan las múltiples críticas de las que podría, merecidamente, ser objeto. 

Aquel día en que su objeto de burla derrotó a los ingleses en un mundial, los dioses del futbol le insuflaron todas las virtudes que un deportista, un futbolista, quisiera tener. Ese día, un Diego Maradona en estado de gracia, en pleno éxtasis, rebasó cualquier límite deportivo e ingresó, con bombos y platillos, en las mentes y corazones de quienes lo vieron jugar. Y si a eso sumamos todos los logros alcanzados en su carrera deportiva, vemos que los dioses hicieron bien su trabajo. 

Nos dieron una figura, un héroe, al que cualquier pedestal queda pequeño. Pero simultáneamente nos regalaron un espíritu burlón que, aun desde su féretro, hace mofa a todo lo establecido. 

Sin embargo, creo que los dioses se equivocaron, porque a pesar de darnos un ídolo con pies de barro, forrado en oro pero relleno de vicios, que no  es paradigma del buen ser humano, si es el ejemplo perfecto de lo que nadie debe ser como persona. 

Ese es el verdadero legado de esta figura. No son sus goles, pases o gambetas, sino sus defectos los que nos dan una lección. 

Y en ese sentido, lo que pretendió ser un regalo griego de parte de los dioses del futbol, se transformó en una sana advertencia para todos aquellos que, viniendo de bien abajo, se dejan seducir por el éxito y el dinero, dejando prosperar en su interior ese lado oscuro que hoy nadie quiere ver en el ídolo ausente. 

Gracias Diego por las alegrías que diste, gracias por hacer que la gente viera que se puede ser grande, así sea a través de un balón, pero sobre todo gracias por mostrarnos lo que nunca debemos hacer con nosotros mismos o nuestros semejantes. 

FABIAN VELEZ PEREZ

velezperez@gmail.com



[1] Publio Virgilio Marón a​ (Virgilio, 70 a. C.-Brundisium, 19 a. C.), más conocido por su nomen, Virgilio, fue un poeta romano, autor de la Eneida, las Bucólicas y las Geórgicas. En la obra de Dante Alighieri, La Divina Comedia, aparece como su guía a través del Infierno y del Purgatorio.


lunes, 4 de mayo de 2020

FIEBRE Y SABANAS


ENTRE COLUMNAS
FIEBRE Y SABANAS


“El gobierno, en la mejor condición,
 es un mal necesario;
y en la peor es insoportable.”
THOMAS PAINE[1]


Durante la historia de la humanidad se han intentado diversas formas de gobierno; hemos visto pasar teocracias, monarquías, republicas, oligarquías o dictaduras. Hemos tenido estados absolutistas, socialistas, comunistas, democráticos o confesionales. También pasamos por sociedades patriarcales o matriarcales; el poder se le ha entregado al rey, al parlamento, a la iglesia, al caudillo, al ejército, al partido, al pueblo y hasta a dios.

Pese a todos esos ensayos, ninguna de esas formas de organización social, estatal o política ha logrado una plena satisfacción de las necesidades humanas de sus miembros. Por más que se le dé vueltas al asunto, siempre un grupo termina sometiendo a otro; siempre se establece un grupo privilegiado que busca justificarse forjando mitos fundacionales; tomando el poder a partir de un supuesto enemigo nacional; creando una falsa sensación de seguridad que le asegure el real control del Estado y sus recursos.

Y cada grupo que asume el poder, comienza a formar organizaciones juveniles de carácter deportivo o académico que en realidad constituyen aparatos de reproducción ideológica del Estado, buscando de esa manera apuntalar el dominio que se ostenta.

Todos, absolutamente todos, se muestran como benévolos, solidarios, benefactores, garantes de la seguridad y la paz, heraldos del buen vivir, y sobre todo, desinteresados en función del “pueblo”.

Si uno revisa la teoría política o constitucional de cada forma o estructura de gobierno, encuentra que los fines del Estado, generalmente sociales y humanitarios,  siempre están formalmente garantizados por el grupo dominante y su ejercicio del poder, creando simultáneamente la ilusión de que todos pueden participar de los beneficios, sean económicos o sociales, que se van a generar.

Pero todos han fracasado, han caído, han  desaparecido, se han distorsionado y finalmente, se han corrompido.

Y cuando se comienzan a evidenciar los síntomas de decadencia, surgen inmediatamente los adalides de las ideas políticas, que vienen a explicar el porqué del fracaso, el porqué de la corrupción, el porqué de la caída y al mismo tiempo nos traen la fórmula mágica que va a arreglar todo, generalmente trasmitida a través de un libro, un manual o un texto sagrado.

Miren la historia; siempre aparece un grupo, encabezado por el nigromante político de turno que, manual en mano, enseñará el camino de la prosperidad, el bienestar y la estabilidad. Nunca falla; siempre llegan cual canto de sirenas a endulzar los oídos de aquellos que necesitan con urgencia un líder, una idea, un partido, un caudillo o un dios al cual seguir y ellos, cual medico quimérico, llegan con la receta perfecta que borrara todos los males.

Luego, entronizados en el poder, habiendo desplazado a los líderes e ideas anteriores, modificado el Estado, o la forma de gobierno, comienza de nuevo a dar vuelta el molino, realizando nuevamente una espiral que, amplia o corta, invariablemente va a terminar en fracaso.

Eso sin contar los casos en que el golpe de gracia al sistema y al grupo, viene allende de las fronteras, cuando otro estado llega y simplemente engulle al existente.

En el pasado, este fenómeno se cristalizaba a través de revoluciones, derrocamientos, crisis económicas, golpes de estado e invasiones bélicas.

Pero la constante siempre es que lo que llega, va a funcionar mejor que lo que se va, y ahora sí, vamos a solucionar esos problemas que el otro no pudo arreglar.

Todo esto permite llegar a una conclusión alternativa: tal vez no hemos encontrado la forma perfecta de gobierno o tal vez no existe ninguna forma perfecta de gobierno.

Y sin embargo, tal vez, solo tal vez, el problema no esté en el guion de la obra, sino en los actores que la interpretan, pero preferimos pensar que la fiebre está en las sabanas.



FABIAN VELEZ PEREZ
velezperez@gmail.com



[1] Thomas Paine (Thetford, Norfolk, 29 de enero de 17371​-Nueva York, 8 de julio de 1809) fue un político, escritor, filósofo, intelectual radical y revolucionario estadounidense de origen inglés. Promotor del liberalismo y de la democracia. Es considerado uno de los Padres fundadores de los Estados Unidos

miércoles, 25 de marzo de 2020

TODOS A UNA


ENTRE COLUMNAS
TODOS A UNA

"No te preguntes qué puede hacer tu país por ti,
sino qué puedes hacer tú por tu país"
John Fitzgerald Kennedy [1]

"Estamos en guerra, en una guerra sanitaria. Es cierto que no luchamos ni contra un Ejército ni contra una nación, pero el enemigo está ahí, invisible y evasivo, y avanza. Esto requiere nuestra movilización general",

Estas fueron las palabras del presidente de Francia, Emmanuel Macron[2], al dirigirse a sus conciudadanos, poniéndoles de presente las duras medidas que se pondrían en vigor en su nación, con el fin de evitar la propagación de la pandemia que mantiene en zozobra al orbe.

No es una declaración de poca monta. Los europeos saben bien lo que es una guerra y los sacrificios que implica; hace apenas 30 años término la última guerra europea y las penurias que causó, en nada difieren de las padecidas en las dos guerras mundiales, las guerras napoleónicas o hasta las invasiones bárbaras que llevaron a la caída de Roma.

Saben bien los franceses que para afrontar una guerra, se requieren la unión y el sacrificio de la población. Cada ciudadano tiene su cuota de sacrificio. Y el Estado tiene la responsabilidad de orientar y coordinar esos esfuerzos, para que no sean en vano.

Esa filosofía es la que motiva los movimientos de resistencia que surgen en cada pueblo, nación o país que se ve sometido a un ataque o invasión enemiga.

Pero esa actitud de defensa de lo propio, de lo nuestro, se construye alrededor de un gobierno, de un líder, de un Estado organizado; es apenas lógico.

En 1932, en vísperas del conflicto con el Perú, nuestra nación se encontraba casi que irremediablemente dividida. Era presidente Enrique Olaya Herrera[3], el primer representante del partido liberal después de 44 años de hegemonía conservadora.

A cada pronunciamiento, decisión o manifestación de ese gobierno, le llovían truenos y centellas, que se originaban en el derrotado partido conservador, liderado por Laureano Gómez[4]. La oposición era activa e incesante.

Sin embargo, ante la gravedad de la situación, estando en juego la integridad territorial de la nación, la oposición ceso sus taques y el propio líder del partido viudo del poder, se dirigió al senado, donde dijo: “Paz, paz, paz en lo interior. Guerra, guerra, guerra en la frontera contra el enemigo felón”.

El ejemplo surtió efecto, todo el país arropó a su líder y el gobierno de aquel entonces, pudo poner cara a la grave situación, sin pensar en un frente interno.

Hoy, al parecer, nuestro país ha olvidado la historia o no ha entendido la magnitud de la crisis que atravesamos.

Todos los días una insensata, exigua pero escandalosa oposición, se dedica a tratar de minimizar las esfuerzos de la administración, a cuestionar cualquier decisión que se tome, a poner en entredicho cualquier solución que se plantee y a ridiculizar cualquier pronunciamiento del gobierno, convirtiendo una emergencia vital en una trinchera política.

Una oposición que en principio se negó a reconocer la existencia de un problema y tildo las noticias del desastre de “cortinas de humo”, para después exigir medidas fuertes y definitivas contra el avance de la pandemia, a continuación, señalar dichas medidas como pérfidas, y finalmente, acusar al gobierno de utilizar la pandemia en beneficio de sus intereses.

Sin entrar a analizar el fundamento de tales manifestaciones, es evidente que una parte de la población no ha entendido que el país se enfrenta a una grave crisis, que están en juego muchas vidas, que entorpecer el accionar del gobierno solo consigue que la pandemia avance, y que ponerle palos a la rueda, necesariamente conduce al desastre..

Y aunque aquel líder de la oposición de los años 30 no sea el de mas grata recordación en nuestra historia, es menester reconocer que en ese momento, en ese único momento, mostro una altura y un entendimiento del que carecen muchos opositores actuales.

Tal como dijo Winston Churchill[5], “El precio de la grandeza es la responsabilidad.”, una responsabilidad que se inicia por hacer frente común a la adversidad, buscando soluciones, sin crear nuevos problemas. Porque cuando la crisis actual pase, y ojala de la mejor manera, ya habrá tiempo de criticar, cuestionar y castigar a aquellos que, pudiendo, no hicieron nada para sobrellevar la dura prueba, o no tuvieron la capacidad de hacerlo.

Mientras tanto, y contra la pandemia, todos a una, como en Fuenteovejuna[6].


FABIAN VELEZ PEREZ
velezperez@gmail.com



[1] John Fitzgerald Kennedy (Brookline, Massachusetts; 29 de mayo de 1917-Dallas, Texas; 22 de noviembre de 1963) fue el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Se convirtió en el presidente más joven de su país, después de Theodore Roosevelt. Ejerció desde el 20 de enero de 1961 hasta su asesinato en 1963.
[2] Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron (Amiens, 21 de diciembre de 1977) es un político francés, vigesimoquinto presidente de la República Francesa y copríncipe de Andorra. Asesor económico del presidente François Hollande (2012). En 2014​ fue nombrado ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales.
[3] Enrique Olaya Herrera (Guateque, 12 de noviembre de 1880- Roma, 18 de febrero de 1937) fue, Presidente de Colombia del 7 de agosto de 1930 al 7 de agosto de 1934. Pertenecía al Partido Liberal
[4] Laureano Eleuterio Gómez Castro (Bogotá, 20 de febrero de 1889-ibidem, 13 de julio de 1965) fue un periodista, ingeniero y político colombiano, presidente de Colombia en el período de 1950 a 1951, cuando debido a su estado de salud, cedió el poder a Roberto Urdaneta Arbeláez. El 13 de junio de 1953 cuando intentó regresar al cargo, fue depuesto en un golpe de Estado por el general Gustavo Rojas Pinilla.
[5] Winston Leonard Spencer Churchill, (palacio de Blenheim, 30 de noviembre de 1874 – Londres, 24 de enero de 1965) fue un político, estadista, historiador y escritor británico, conocido por su liderazgo del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Es considerado uno de los grandes líderes de tiempos de guerra y fue primer ministro del Reino Unido en dos períodos (1940-45 y 1951-55).
[6] Fuenteovejuna es una obra teatral del Siglo de Oro español del dramaturgo Lope de Vega. Está considerada, con Peribáñez y el Comendador de Ocaña y El mejor alcalde, el rey, uno de los tres dramas "municipales" que constituyen lo mejor de su vasta obra dramática


viernes, 5 de octubre de 2018

FANTASMAS DEL PASADO




FANTASMAS DEL PASADO



Lo que ocurre en el pasado,
vuelve a ser vivido en la memoria.
John Dewey[1]


La vida de todos los seres humanos es un recorrido por el camino del tiempo. El inicio de ese recorrido es su nacimiento y el final, su muerte.

Durante ese recorrido aprendemos a vivir, a sobrevivir, conocemos gente, vivimos experiencias, tenemos aciertos y cometemos errores.

Son estos últimos los que a veces nos atormentan en esas noches de insomnio, cuando la mente hace un recuento de los kilómetros de vida recorridos, enumera las estaciones a las que hemos llegado y crea expectativas sobre lo que aún nos resta por recorrer.

Es en ese duermevela, cuando el pasado nos abruma con recuerdos que resienten nuestro ego, maltratan nuestra vanidad, avergüenzan nuestra pompa y nos hacen querer despertar para poder volver a olvidar.

¿Quién no se ha equivocado en la vida?, ¿Quién no hirió el corazón o la mente de alguien?, ¿Quién, en algún momento, no abuso del poder que tenía en sus manos?, ¿Quién no hizo alarde de sus éxitos?, ¿Quién no se burló de los errores ajenos?, ¿Quién no se valió de su posición para rebasar, opacar y hasta aplastar a otro?

En algún momento, así fuera por un instante, todos fuimos capaces de realizar, hacer o cometer actos que van totalmente en contravía de nuestra personalidad corriente.

Un momento de ira, un momento de dolor, un momento de desesperación, nos hace cometer esos errores que, muchos años después, nos persiguen en las penumbras de nuestras noches.

Fuimos muchas veces jueces y verdugos, inquisidores, defensores de la sinrazón, amantes desconsiderados, y policías del pensamiento ajeno, haciendo las veces de Gran Hermano[2], al mejor estilo de Orwell[3], dejándonos llevar por nuestros egoístas intereses, por nuestras bajas pasiones, por nuestro materialismo, y hasta por nuestro orgullo intelectual.

En suma, de una u otra forma, hemos sido crueles con nuestro prójimo, anteponiendo algún abyecto pensamiento, al noble interés que siempre debe orientar nuestra ruta.

Es por ello que creo firmemente que todos, absolutamente todos los seres humanos, deberíamos tener una charla con Charles Dickens[4] y el fantasma de las Navidades pasadas, de su fantástica obra “Cuento de Navidad”[5], ya que cuando ese fantasma habla, su voz se asemeja a alaridos de la mente, porque por el motivo que sea, esos recuerdos de los errores cometidos, son los que más resuenan en los oídos de nuestra conciencia.

Hagamos un ejercicio; cerremos los ojos por un momento y desandemos los kilómetros de vida recorridos; regocijémonos con aquellos momentos que fueron de alegría, pero miremos críticamente aquellas situaciones, palabras, hechos o decisiones que, somos conscientes, fueron errores que tuvieron consecuencias, para nosotros o para quienes nos rodeaban.

Y ojalá, mientras mantenemos nuestros ojos cerrados, veamos los rostros de quienes padecieron nuestros yerros, porque esos son los rostros de los fantasmas del pasado, fantasmas que no necesitan siquiera hablar, porque su sola presencia en nuestra mente es como un grito de dolor que retumbará en nuestros oídos hasta cuándo pasemos a ese territorio oscuro que aún nos es desconocido.

Si, los fantasmas del pasado serán nuestros acompañantes de por vida, nos escoltarán por el resto del camino que debemos recorrer y tal vez ni siquiera, al iniciar esa última jornada, nos abandonen.

Por eso, de aquí en más, seamos prudentes con nuestras palabras, cautos con nuestros actos y equilibrados en nuestras decisiones, para así no dar vida a más fantasmas que en el futuro sean la triste comitiva en la ruta que escojamos y que nos lleve hasta ese destino final que a todos espera


FABIAN VELEZ PEREZ
velezperez@gmail.com



[1] (Burlington, Vermont, Estados Unidos, 20 de octubre de 1859 - Nueva York, Nueva York,Estados Unidos, 1 de junio de 1952) En palabras del catedrático de Historia Robert B. Westbrook, Dewey fue «el filósofo estadounidense más importante de la primera mitad del siglo XX»
[2] Big Brother (conocido en castellano como Gran Hermano o Hermano Mayor) es un personaje de la novela de George Orwell 1984, y, por tanto, también de las películas del mismo nombre basadas en dicha novela.
[3] Eric Arthur Blair (Motihari, Raj Británico, 25 de junio de 19031​2​-Londres, Reino Unido, 21 de enero de 1950), más conocido por el pseudónimo de George Orwell, fue un escritor y periodista británico.
[4] Charles John Huffam Dickens (Portsmouth, Inglaterra, 7 de febrero de 1812-Gads Hill Place, Inglaterra, 9 de junio de 1870) fue un escritor y novelista inglés, uno de los más reconocidos de la literatura universal, y el más sobresaliente de la era victoriana.
[5] Canción de Navidad, Cuento de Navidad o El cántico de Navidad, cuyo título original en inglés es A Christmas Carol, es una novela corta escrita por el británico Charles Dickens y publicada originalmente por Chapman & Hall el 19 de diciembre de 1843.

jueves, 14 de septiembre de 2017

SE NOS VA LA VIDA

ENTRE COLUMNAS
SE NOS VA LA VIDA

En estos días, ha circulado la sentida carta del ministro de salud, Alejandro Gaviria, que el tituló “Las Cosas Que Me Gustaría Hacer”, en donde en tono nostálgico, nos expresa sus sentimientos internos y sobre todo aquello que, aparentemente, se le está quedando en el tintero, teniendo en cuenta la penosa enfermedad catastrófica que padece.

Pero más allá de lo dolorosa de su situación, me queda una duda, una inquietud, una curiosidad, que opaca un poco el sentido de la carta y todo lo que ella contiene.

Me refiero a que, si eso es lo que desea hacer, ¿Por qué no lo hizo en su momento?

Alejándonos del ministro y su laberinto, me viene a la mente una frase de Isaac Asimov: "Si cada año estuviéramos ciegos por un día, gozaríamos en los restantes trescientos sesenta y cuatro."

Sí, estamos ciegos, pero no propiamente porque nuestros ojos no funcionen, sino porque no vemos el mundo a nuestro alrededor, a pesar de vivir en el.

Sí, estamos ciegos, porque no nos damos cuenta que la vida es una sola, que no podemos dar marcha atrás, y que cada día es una oportunidad perdida para hacer algo.

Sí, estamos ciegos, porque no valoramos lo que tenemos, y nos creemos merecedores de todo, como si por derecho divino nos correspondiera tener esto o aquello

Sí, estamos ciegos, porque no nos damos cuenta que el poder es efímero, que se puede obtener o perder en cualquier momento, y que no nos hace mejor o peor persona.

Sí, estamos ciegos, porque no nos damos cuenta que el dinero no es de nadie, y a la vez es de todos, que hoy tenemos pero no sabemos mañana.

Sí, estamos ciegos, porque no valoramos a las personas por lo que son, sino por lo que tienen, por el color de su piel o por su origen.

Sí, estamos ciegos, porque no aprovechamos el tiempo que nos da la vida para ser felices, sino que nos dedicamos a malgastar ese tiempo irremplazable en asuntos irrelevantes, incluso dejando de dedicar tiempo a nuestros seres queridos, porque el trabajo así lo impone. 


Luego de pensar esto, y viendo la carta del ministro, creo que solo ahora, en momentos difíciles, fue que abrió los ojos para ver todo esto,

Y que nos sirva de lección, que el poder, el dinero y la fama, son apenas aditamentos de la vida, pero no son la vida. Que los cargos, títulos, honores y posiciones, son algo pasajero, que no alcanzan para remplazar lo que en verdad significa la existencia.

Muchas personas, solo en trance de muerte, es cuando se percatan de eso, y es en ese momento, cuando pretenden hacer lo que siempre quisieron a hacer, decir lo que siempre quisieron decir y valorar, lo que siempre dieron por sentado.

Descubren, con infinito dolor, que el respeto no se gana con muestras de altivez y arrogancia, sino con seriedad y honestidad; otros descubren que se pasaron la vida temiendo al qué dirán, temiendo a un jefe, temiendo a un tirano y, aun peor, temiéndole a la verdad.

En resumen, la vida hay que vivirla, porque el tiempo que pasamos en ella es prestado, no trae fecha de caducidad, y si esa fecha llega, ojala no tengamos que pensar que la vida se nos fue, y no la disfrutamos.


FABIAN VELEZ PEREZ
velezperez@gmail.com

Septiembre de 2017